sábado, 27 de abril de 2013

Sin pedirme que cambie

Fin de
semana.

Desayuno
tardío,
despeinada,
y apenas
des-vestida
con tu vieja
camisa
a cuadros
y unos
calcetines

-pero
la celulitis
y alguna que otra
araña
vascular
desmienten
cualquier
glamour
posible
de la escena-.

Antes,
hemos hecho
el amor

-amor de gente
que madruga,
de sábado
lluvioso,
de cuerpos
conocidos
que confían-.

Te miro,
al otro lado
de la mesa,
mordiendo
la tostada,

y recuerdo,
de pronto,

que llevas
treinta años
de quererme

sin pedirme
que cambie.

A.S.
(De: Una mujer mayor)


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