lunes, 16 de marzo de 2015

Inexorablemente

Anochece detrás de las cristaleras, y en el mundo del hospital se va enlenteciendo ese ritmo que no cesa nunca, pero que tiene picos y valles, como todo lo que late y está vivo.
Estoy cansada, y lo noto cuando acabo las visitas y me dejo caer junto al ordenador, para introducir la actividad del día.
Datos para la estadística. Rostros conocidos para mí, que llevo sobre el alma, que siempre llevaré sobre el alma, lo recuerde o no, la carne amputada de un chiquillo, el cuerpo destrozado de una mujer atropellada, la partida silenciosa de una bebé, las mil y una historias sagradas y terribles del hospital, de la casa de la sombra, donde los que no quieren mirar ni escuchar ni decir han encerrado a la enfermedad, la decrepitud, la pérdida, el dolor y la muerte.
Eso, que nos alcanzará a todos.
Inexorablemente.

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